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El milagro de la beatificación

El milagro de la beatificación

En la fría mañana del 18 de junio de 1953, en la estación del ferrocarril de Alausí, se encontraba alegrando el día la Hermana Margarita Teresa, en compañía de la Sra. Italia Catani, comentándole afligida por el accidente acaecido el día anterior (17 de junio), que había tenido su sobrino Carlitos Catani de ocho años de edad.
Una rueda de tractor le había aplastado el pie derecho, dejándole tres dedos destrozados e imposibilitándolo para caminar correctamente.
La Sra. Italia, angustiada pidió a la Madre Oblata, ore por su sobrino, ya que los doctores optaban por la intervención quirúrgica amputarle los dedos. Iluminada por la luz divina, Sor Margarita Teresa se le ocurrió realizar una Novena al Padre Luis Brisson, haciéndola partícipe a la Sra. Italia. La Hermana Margarita fue a visitar y conocer a Carlitos, encontrándolo postrado y muy adolorido en la cama. Conversó con los papás del niño, para comenzar con la Novena y aceptar, se le coloque en el pie de Carlitos la reliquia del Siervo de Dios. Los padres aceptaron con fe y devoción, ante la bondad de la oblata, de querer ver a su hijo sano.
Comenzaron el novenario con los familiares, amigos, vecinos, elevando fervientes oraciones y con toda la divinidad de un corazón profundo, se escuchaba con una dulce voz, a la Hermana Margarita clamar:


“Dios mío, por la promesa que habéis en dar, a los que pedirán con fe y confianza. Os suplicamos concedernos el milagro, que esperamos por la intercesión del Padre Luis Brisson”.


Le encomendó a la mamá, que siga orando y le deje la reliquia del Buen Padre, en el pie y que no debería haber ningún otra, para cuando esté hecho el milagro, no haya confusión. Mientras en la Comunidad de Oblatas de San Francisco de Sales, seguían con la misión de rezar por la salud de Carlitos Catani.
Terminado el novenario, al tercer día, el niño le dijo a la mamá, que ya no sufría más. La Hermana Margarita, regresó de su viaje a los 15 días, cuál fue su sorpresa y se llenó de gozo, ver a Carlitos salir de la escuela, alegre y caminando. Sor Margarita le preguntó, que si estaba bien y le contestó, que sí, se encontraba mejor. Preguntándole también, qué le había dicho el médico, diciéndole:

-Ya estoy sano y no tengo que viajar a Quito, sino a Riobamba, para una radiografía.
La Hermana sigue preguntando:

-¿Cuándo vas a Riobamba?

A lo que Carlitos contesta:

– Después de los exámenes, porque mi mamá no quiere que falte a clases.


Sor Margarita le dice a Carlitos, que desea ver sus dedos del pie derecho, invitándolo para el día siguiente que vaya con su mamá a la Comunidad de las Oblatas.
Carlitos va a la comunidad y la Hermana le quitó el zapato y la media, para poder constatar que los huesos de los tres dedos del pie, estén correctos. Le tocó sus deditos, preguntándole que si le dolía, a lo que el niño, contestó, que no.
-Hay que seguir orando, para que las falanges de los dedos, crecieran- mencionó la buena Madre.
Interesada la Hermana Margarita por el bienestar de Carlitos, lo visitaba en la escuela, viéndolo jugar como un cabrito inquieto con sus compañeros, le preguntaba si le dolía sus dedos, recibiendo una respuesta negativa.
El doctor Miguel Albán, a pedido de Sor Margarita, emitió un certificado muy detallado del accidente de Carlitos, antes y después de todo lo que había ocurrido. La Hermana le preguntó al doctor Albán, si en el proceso de haber recuperado la dureza de los huesos de los dedos del pie de Carlitos, hay algo extraordinario en la curación. Respondiendo el doctor, que sí, el niño se sanó sin terapia física alguna, ni instrumento ortopédico.
La Madre Margarita Teresa viajó a Europa y regresó al Ecuador, a recoger y dar testimonio de fe, de lo que había acontecido.

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